De esas cenizas, fénix nuevo espera;

Mas con tus labios quedn vergonzosos
(que no compiten flores a rubíes)
y pálidos, después, de temerosos.

Y cuando con relámpagos te ríes,
de púrpura, cobardes, si ambiciosos,
marchitan sus blasones carmesíes.


Francisco de Quevedo


sábado, 24 de marzo de 2012

Bajo la música de las esferas

Cierro los ojos y se expande el tiempo. Así escucho moverse a los planetas junto a mí, veo las pirámides y las plumas y veo sus calles; escucho una campana que sigue a las manecillas de un reloj colosal. Saturno ríe a la distancia, rodeado por sus hijos, los anillos.

Aquí adentro no hay límites. Aquí, tras la oscuridad de los párpados aprendes a rezurcir el mundo, a reparar tus grietas, a fundir la tristeza y el desespero en el corazón de los volcanes. Porque aquí estás en compañía de ti mismo, de los eones, los gigantes y los vikingos; aquí conoces los rituales de mil civilizaciones y escuchas cientos de lenguas decir “te amo.” Aquí es donde se unen los números y las letras, y juntos entonan la Música de las Esferas. Lo demás no existe. Somos lo que creemos, y lo que crees es creado a tu alrededor. Yo creo galaxias, y me rodean las estrellas.

Entonces dejas de estar sola.

El Universo se une contigo como están unidas las hojas a los árboles.

Aprendes a callar, a escuchar tu propia voz y la de los otros. Todos somos el Cosmos y danzamos juntos, como los Planetas, en la órbita del Sol. Para abrir Un Ojo tienes que cerrar los dos, respirar el incienso y escuchar las cascadas del alma. Aquí es donde se unen el hombre y los dioses. Más allá de la carne, más allá y entre la materia, anudados a los átomos.

No escapamos del tiempo, lo manipulamos. No escapamos del mundo, lo reconstruimos con triángulos y sietes; con ciclos, onces, ochos y cincuenta y dos.


La física cuántica, los pulsares, las nebulosas, los océanos y los animales viven dentro de ti, esperando el llamado primigenio, el primer cántico, el primer rezo, antes de Babel. Son los nahuales. Son el Fylgia.

Son los tótems de ojos abiertos que predicen y esperan la tormenta.

Quítate de encima cuatro mil años de sopor.

Deja atrás las arenas de Egipto.

Deja atrás los vientos de obsidiana.

Ya terminó el tiempo de las lágrimas; empieza ya la Era de Acuario.

Todo es poesía, todo es música, todo está en los números.

Despierta, niña, y rejuvenece.

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