De esas cenizas, fénix nuevo espera;

Mas con tus labios quedn vergonzosos
(que no compiten flores a rubíes)
y pálidos, después, de temerosos.

Y cuando con relámpagos te ríes,
de púrpura, cobardes, si ambiciosos,
marchitan sus blasones carmesíes.


Francisco de Quevedo


lunes, 18 de julio de 2016

Capítulo 8: Auge de la Tierra Necromántica de Thánatos (Necromancia: La Primera Era)

English version Here.

Como prometí hace unos días, les comparto un capítulo de la novela de alta fantasía Necromancia. La traducción lleva poco más del 50% y espero poder terminar de traducirla para principos de agosto. Gracias por su paciencia y aquí está el capítulo 8: Historia de los necromantes, quiénes son y por qué llegaron a la superficie de Úrim. Espero que les agrade!
(Nota al margen, este sólo es un fragmento del capítulo 8 :D )

Los capítulo 3-7 tratan con las historias de los siguientes pueblos:

Capítulo 3: Historia de los Enanos

Capítulo 4: Historia de los Hombres

Capítulo 5: Historia de los Elfos

Capítulo 6: Historia de los Orcos

Capítulo 7: Historia de los Gigantes

También se incluye este mapa en las primeras páginas del libro, y muchos más están incluidos en la página de Facebook de la novela:

 

Pueden conseguir su copia de la novela en español en Amazon y leer este mismo capítulo en inglés aquí.


8.1: Fundación

               
Hasta ahora se ha contado la historia de las razas principales de Úrim; de cómo los enanos deforestaron el norte y se expandieron al este de su territorio, de la batalla contra Mekános, la aparición de los hombres, la magia y el poder; las guerras del sur, del oeste y del este; el nacimiento de los dragones y los imperios orco y humano. De la fundación de varias ciudades de la antigüedad. Pero más allá de todo esto, lo que define el término de la Primera Era es lo que se hablará en este capítulo: La aparición del Círculo de los Necromantes y la tierra maldita de Thánatos. Como nota adicional, es también una de las partes que más trabajo me costó escribir, pues las fuentes son muy vagas; las fechas y nombres varían y, en general, lo escrito por los necromantes se perdió o se censuró a fines de esta misma Era dado el nivel de destrucción que trajeron sus prácticas.

Arrojado en Thánatos por el mar, e incapaz de morir, Nergal reptó por el terreno volcánico durante varios ciclos. Los necromantes que vivían en Úrim, ayudados tanto por los etermantes y los muertos, pronto se enteraron de la existencia de Nergal, el primero de los no-muertos, y no tardaron en seguir su rastro de peste a Thánatos. Antes de la llegada de Nergal, Thánatos tenía ya algo de mala fama: apenas un ciclo después de hallar el Maelstrom, la isla fue descubierta en 777 por los piromantes de Dhabi. La descripción más alentadora se sintetiza en la nota del capitán del Djinn, Raif Halal:

“[…] una roca negra, impenetrable, cubierta perpetuamente por la cenizas de un volcán que sólo tiene segundo en el monte Thor. Se eleva como una corona de fuego por encima del terreno casi plano de la isla. No hay vida sana que pueda subsistir aquí. El agua que cae de la lluvia se vuelve lodo al atravesar la atmósfera y antes de caer se ha estancado ya. Poco después, se pudre en el suelo. Algunas plantas han podido germinar, pero nacieron en muerte perpetua. Ennegrecidas. Intoxicadas. Desde el barco parece como si hubiera una fina capa de terciopelo negro sobre toda la isla. Tal vez sean las hojas de las plantas las que dan una ilusión de vida. Hay más variedades de hongo de las que puedo nombrar y mis hombres se alteran con la mera vista de la isla. Varios cráteres, desde los que parece brotar un humor ceniciento, forman el paisaje más común de las planicies negras de esta isla. De algunos otros brotan columnas de fuego que surcan la tierra con sus ríos de magma y dan montes a la planicie. De no ser por las emanaciones de la tierra, la isla parecería una segregación del tiempo; un hijo bastardo arrojado a una prisión inmóvil, una imagen estática de la muerte. Desde que la avistamos supimos que había algo torcido. No desembarcaremos. No soy idiota. Aún cuando en Dhabi me repriman por volver antes, no arriesgaré nuestras vidas en vano. Haremos un mapa de la extensión aproximada y daremos la vuelta.”

La idea de una isla de muerte agradó a diversos grupos y para el 800, Thánatos era la isla cárcel o isla de exilio de hombres y orcos. Los barcos los abandonaban a su suerte; los criminales más afortunados morían poco después de desembarcar. Los menos se veían orillados al canibalismo y terminaban aullando; enloquecidos de miedo, los orcos y los hombres se degeneraban hasta transformarse en gules. No es de sorprender, pues, que los necromantes que sobrevivieron a la lucha en Glitnir y que lograron llegar hasta Midgard —y quienes, a su paso, iban adquiriendo adeptos—, hubieran decidido establecerse en la isla. Muchos de ellos, parias ya en sus tierras, llegaron a Thánatos buscando saciar su adicción a la magia de la muerte. Nergal, atrapado en la isla desde hacía más de 100 ciclos, se había adaptado a las tierras calcinadas de la isla y encontró en Thánatos un ecosistema propicio para desarrollarse.[1] Los necromantes pusieron pie en la isla hacia la década de 790.[2]

Algunos ciclos después del desembarco de los necromantes, nació un pueblo costero llamado Heracleion[3], muy pequeño pero que había logrado soportar las condiciones extremas de la isla. Las casas y calles del puerto tenían la apariencia de algo que ha estado en el mar por una eternidad. Sería más correcto, de hecho, decir que a Heracleion lo arponearon desde las profundidades y lo arrastraron hasta la costa. Sus casas, tabernas y edificios fueron pescados, arrebatados del fondo del Gran Mar Océano y los prisioneros aprendieron a convivir con aquello enorme, sin edad y sin principio. Fue hasta mucho después que la intervención de manos mortales desbastó las piedras primigenias de su olor marino para cubrirlas de huesos.

El flujo constante de prisioneros de las capitales de Úrim, sobre todo de Mares Anthal, Shurub´Gul, Dhabi y Granada, proveía a los necromantes con potenciales aprendices y materia prima. Cabe mencionar que estos prisioneros no solían ser magos y tenían poca o ninguna capacidad de defenderse ante los necromantes. Con el tiempo, además de los exilados, las grandes ciudades de la Antigüedad comenzaron a enviar a sus enfermos, muchos de los cuales morían en el viaje.[4] Dhabi fue el principal conducto de las ciudades humanas; los orcos, por su parte, explotaron los astilleros de Mares Anthal al máximo. Se estima que, a la semana, al menos dos barcos de cada raza lograban llegar a las orillas de Thánatos para deshacerse de su carga. Algunos de los capitanes registraron ataques de la raza contraria; es famoso el incidente de 786 en el que un par de piromantes incendiaron la barcaza orca Yafraggan y del cerco que impusieron los orcos tras la pérdida. Los piromantes solían rodear por el norte, pues el punto sur había pasado completamente a dominio orco.

Con todo, la isla de Thánatos tuvo, gracias a los desembarcos, un atisbo de vida. Descubierto seis o siete ciclos después de que llegara la primera generación de exiliados, Nergal fue perseguido y acosado por los necromantes, hasta que lograron atraparlo en un foso que cubrieron poco después con rejas. Conocedores, algunos, de las ciencias alquímicas que Gilgamesh acababa de revelar a Úrim, los necromantes supieron a la criatura reptante[5] la única forma de vida adaptada a las condiciones extremas de Thánatos y buscaron extraerle sus secretos. La alquimia primigenia, derivada de los conocimientos de los jotuns, les proporcionó el instrumento esencial de su supervivencia: una poción que les permitió adaptarse a las condiciones climáticas. Varios ciclos más pasaron hasta que la alquimia que había surgido en Úrim —en donde se hablaban de las propiedades milagrosas de la Piedra Filosofal,[6] aunque ésta fue un rumor hasta la Segunda Era— llegó, por fin, a destilar un compuesto que permitía a los necromantes adaptarse paulatinamente a la ceniza volcánica y al suelo muerto. El ingrediente primordial de ésta, conocido como sanguis nigrum, se extraía del cuerpo de Nergal.

En realidad, decir “cuerpo”, en este punto, es inexacto. La criatura Nergal, dicen los textos más antiguos conservados de los necromantes —y que llegaron a Úrim a través de los mercados negros de Granada—, tenía sustancia en lugar de órganos; en vez de cuerpo o forma, poseía volumen. Aborto de los Guardianes, Nergal era una masa horrible e incompleta; acabado a medias, a veces se le podían distinguir, sin orden o estructura, dientes, ojos, intestinos y cabellos. Esta masa, en constante cambio y regeneración y oscilando entre lo vivo y lo inanimado, pocas veces fue descrita igual.

Aunque la naturaleza de la mayoría de los experimentos en Thánatos  era tratar con los muertos, otra de las grandes preocupaciones de los habitantes de Heracleion era cómo sobrevivir a los terrenos hostiles que, si bien no los adoptaron, tampoco los repudiaron. Hasta este punto, parecería sugerirse que los presos, los necromantes y los enfermos trabajaban, hasta cierto punto, en grupo y en paz, pero si pasó, el sistema comunal no tardó en colapsar. Los alquimistas y necromantes más hábiles se hicieron pronto con el control de Heracleion y monopolizaron las pociones basadas en la sangre de Nergal: quienes no podían pagar los precios exorbitantes —o tenían la mala suerte de enemistarse con los necromantes durante el trayecto— estaban condenados a volverse gules, como pasó en los primeros ciclos de la colonización, o a perecer en las estepas de Thánatos. 

            Las pociones necróticas,[7] como les llamarían los necromantes futuros —y como se conocieron hasta el redescubrimiento de las Bodas Químicas en el ciclo 1627 de la Cuarta Era—, permitieron a los necromantes extender su dominio y cerca del 830 se acercaron a las bases del volcán. Poco después, entre 835 y 838, habría de fundarse la futura capital del Círculo de los Necromantes: la ciudad de Thánatos.

            El cambio de poder entre las ciudades fue gradual. Al principio, el solo viaje entre Heracleion y Thánatos suponía una especie de rito de paso pues, quienes no hubieran podido hacerse de la Sangre de Cuervo no habrían de llegar hasta la nueva sede. El traslado de la criatura Nergal a Thánatos, hacia 850, marcó el movimiento definitivo. Heracleion quedó como puerto de llegada para los prisioneros, como en su primera edad, y Thánatos albergaba cada vez a una mayor cantidad de necromantes.

Se estima que en ese mismo ciclo, 850, los necromantes concordaron en crear una especie de poder mayor, llamado el Círculo, el cual estaría regido por 7 de los más poderosos magos de la isla. Cada uno de ellos guiaría un experimento particular, tendría sus adeptos y autonomía en todas y cada una de sus funciones. Las decisiones que tomara con respecto a su porción de la isla serían responsabilidad únicamente de ellos. El Círculo se reuniría cada tres ciclos a discutir los avances en la necromancia. Como se dijo antes, los necromantes venían de casi todas las razas de Úrim —con excepción de los gigantes— y, por tanto, el Círculo era un grupo bastante diverso. Entre los defensores de los necromantes, como un pueblo que pudo haber prosperado de no estar dominado por un afán ciego de destrucción, se encuentra el historiador granadino de la Tercera Era, Fahrid ibn Diab, quien argumentaba que, de no ser por la influencia de Nergal y la repulsión de muchos por la necromancia, Thánatos pudo haberse vuelto la primera gran capital del mundo Antiguo. Entre los argumentos de ibn Diab destaca que en ella se encontraron los primeros verdaderos políglotas —debían manejar el orco, humano y élfico a la perfección, sin contar, en especial, la tolerancia entre razas— y crearon, entre todos, una lengua nueva, perdida ya, que permitió a la larga la comunicación en un solo idioma. También verificó, recopiló y proporcionó los nombres y la mayor cantidad de datos que se tienen sobre aquel Círculo hasta la fecha, y los cito a continuación:[8]

  1. Osiris
    El Segundo Necromante —y primero en ejercer libremente la necromancia de hecho— fue un favorito de Nut durante la Primera Era y el que trajo la idea de dominar la muerte a la conciencia de los urímacos. En la Segunda Era se argumentó que tal vez él fue el que desencadenó el balance de las escuelas mágicas, pero lo cierto es que desembarcó —dato aportado por el capitán del Djinn, Raif Halal—
    [9] en Thánatos en 791, junto a un grupo de necromantes que se volverían parte del Círculo. Los necromantes elfos poseían la característica única, y tal vez la única delatora de su pacto con los espíritus y los planos astrales, de poseer la piel oscura; es decir, todos se transformaron en elfos oscuros. Osiris, además, se sabe fue un amigo íntimo del líder elfo Imhotep.

  1. Set
    Seguidor de Osiris desde la separación con los elfos de Iunu-Ra. Poco se sabe de este elfo, salvo que solía ser el ejecutor de los mandatos de Osiris. Se le asoció, pues, con el caos y la enfermedad, aunque el líder de hecho fura el Primero. Se estima que nació poco después de la batalla con Mekános relatada por los elfos y, aparte de su participación en los hechos de Thánatos y la Gran Guerra, no hay mayor registro de él en ninguna otra fuente.

  1. Fátima Abicarán y el Aquelarre

Originaria de Granada, es una de las primeras grandes etermantes sobre Úrim. Se sabe que fue una piromante importante en la corte de los Al-Hayek, aunque pronto se encontró con Osiris y ésta, conocedora del mito de cómo llegaron los dragones a Úrim, siguió a los necromantes en 789. Se sabe que mientras caminaron, ésta le preguntó al necromante sobre el éter, y al no saber darle respuesta, le garantizó espacio y tiempo para practicar sus artes en la isla de Thánatos. Parece ser que este fue el móvil final de Fátima al integrarse al Círculo de los Necromantes. Las criaturas que invocó la hechicera no tuvieron parangón sino hasta mucho tiempo después.

También se sabe que Fátima lideró a un grupo de brujas, mujeres humanas menores a los 21 ciclos al momento de su llegada a Thánatos,[10] pelirrojas y escapadas casi todas ellas de las cortes de Toledo, Granada y los pueblos aledaños. Las brujas poseían conocimientos extraordinarios sobre herbolaria y la reproducción humana —todas ellas fueron criadas como cortesanas de los sultanes pero lograron hacerse a la mar como amantes de los capitanes o camufladas con los esclavos. Sus técnicas de seducción, maquillaje y preparación de pociones y ungüentos les permitieron contactar a los necromantes a la llegada a Thánatos. Fátima eligió y entrenó personalmente a las brujas en el arte de la etermancia. Se cree que los espíritus de los tenochcas tuvieron cierta influencia en Fátima, y que ésta les habló y dio instrucciones a las jóvenes por medio de los sueños. El Aquelarre tendría un papel determinante en 939, cuando […].[11]

  1. Rashida al-Jalil

Descendiente de una familia de comerciantes, Rashida fue vendida como esclava a un par de piromantes cuando contaba apenas 14 ciclos, es decir, en 780. Los magos la mantuvieron como esclava sexual durante algunos meses. La joven, lejos de aceptar su destino, despertó la piromancia que le heredara su madre en 783 y pudo librarse de sus compradores. Durante varios ciclos vivió como ladrona en Granada y, tras ser detenida y violada por los guardias reales en 786, fue enviada a la cárcel de Toledo. Tras un ciclo de prisión, logró escapar en 787 y se dirigió de nuevo a Granada. Vagó por varios días a las orillas del lago Mizar, hasta que se topó de frente con el grupo de Set, Osiris y la recién llegada Fátima. La joven hechicera se unió al grupo y se volvió una necromante letal tras abandonar la magia que le salvara la vida.

  1. Ulreth Matharieth

El orco Ulreth fue descendiente de uno de los grandes berserkers al mando de Alzamag. Con la caída del Emperador orco hacia 582, los berserkers fueron retirados de la vanguardia, lo que dejó al Imperio con miles de orcos sin ocupación. El jefe del clan Matharieth enseñó el arte del berserker a sus descendientes, quienes lo mantuvieron vivo hasta bien entrada la Tercera Era. Ulreth, nacido en Insh-Muthar en 689, se trasladó a la capital poco después y aprendió la electromancia desde muy joven. Cuando los necromantes llegaron a la región de Utgard en 788, su clan fue llamado a exterminarlos. Sin embargo, una parte de los Matharieth, entre los que se encontraba Ulreth, decidió ayudarlos a salir de Shurub’Gul a cambio de que les enseñaran su arte. El orco se ofreció con escoltarlos hasta la base del monte Thor, desde donde podrían llegar a Lemuria y ver si los gigantes les proporcionaban algún método de escape. Logró llegar a Dhabi en 790 luego de que los gigantes le negaran ayuda en 789. Ahí, en el puerto humano, conoció a Osiris, con quien tuvo un choque y, tras ser derrotado por el necromante,  le juró lealtad absoluta.

  1. Xel-Ungor 

Uno de los grandes shamanes del periodo de los Golgoth, Xel-Ungor comienza a dudar de la capacidad del nuevo Emperador y busca a las Bocas de Morug[12] para asesinarlo. Sin embargo, los asesinos no aceptan, pues ven con agrado las decisiones de M’ur Golgoth y Xel-Ungor se emancipa de su tierra y su raza. Vaga durante varios ciclos, cazando en las planicies de Utgard y localiza al grupo que guiaba Ulreth en 788. Los sigue de cerca y logra establecer contacto con el berserker. Se alejan de Utgard a través del bosque Glitnir y siguen su carrera hacia el este durante varios ciclos más. En el camino se encuentran con el enano Jørmund Lokesson y juntos llegan hasta Dhabi.

  1. Jørmund Lokesson

No se sabe qué fue lo que llevó a Jørmund a formar parte del ejército de los necromantes, sólo que no adoptó la necromancia y cumplía las órdenes sin la duda más mínima, fuera cual fuera el mandato. Se sabe, también, que era altamente independiente y se recuerda en particular su fiereza en el empleo de la geomancia. Algunos historiadores de la Segunda Era, en especial M’Kor Kethal señalan los paralelismos entre éste y la del mítico traidor enano Mjødvitner. Poco después, en la Segunda Era, se sabría que Jørmund descendía del clan perdido al mando de los bjørn: los guerreros Nordstein. Esto lo volvería uno de los primeros enanos de dicho clan en ser visto en siglos.

Se sabe, gracias en parte a él, que éste clan, del que se mencionaron algunas cosas en el primer capítulo, se desesperó con el paso de los ciclos y con el bosque que se extendía al infinito. Cuando se dieron cuenta de que no hallarían una segunda Bael-Ungor —ignorantes del triunfo de Radsvinn y los suyos—, los Nordstein cavaron cerca del río Tláloc, muy, muy al norte de la ciudad humana de Midgard. Hacia el fondo cavaron y, al parecer, por lo poco que se recuperó de Lokesson, lograron establecerse y fundar una colonia.[13]

Tras la fundación del Círculo de los Necromantes, los pueblos de Heracleion y Thánatos tuvieron un  gran auge, del que se hablará a continuación.


[1] Aunque ya antes se dijo que los gigantes se adaptan, Nergal fue la primera evidencia de la ciencia moderna para determinar que ese cambio o adaptación parecía depender al cien por ciento de la estabilidad emocional y  mental del jotun. Sin ella, el cuerpo se congela en un estado y le resulta imposible adaptarse a un nuevo medio. En el caso particular de Nergal, al parecer, la parte emocional estaba tan dañada que es difícil decir que “aceptara” la tierra de Thánatos; mi creencia es que la mente entró en un estado de cierre y sólo encontrar una encarnación tan certera de la muerte —la muerte como la entendía Nergal, al menos; la muerte total, la devastación de una era, la separación quirúrgica de una especie del mundo— pudo sacarlo de su sopor, pues reconoció en ésta el mismo panorama de las tierras calcinadas de Tenochtitlán.

[2] Se sabe de cierto que Osiris desembarcaría en 791.

[3] Puesto que los necromantes preferían la experimentación al registro de hechos como tal, la fecha exacta de fundación de Heracleion no ha quedado clara. Sin embargo, las estimaciones más recientes creen que el hecho, cuando muy tarde, aconteció hacia el ciclo 810.
[4] De hecho, la cantidad de cadáveres llegó a ser tan grande que los mismos necromantes decidieron utilizar los huesos para crear las edificaciones de Heracleion.

[5] Se hablará a fondo de las transformaciones de Nergal en el capítulo “Resurrección”.

[6] La Piedra Filosofal, para los alquimistas de todas las Eras, es un compuesto en polvo, rojizo, que domina la energía vital de las plantas y los animales, permitiéndoles sanar –ingerido– o germinar –aplicado como abono– casi al instante. Sin embargo, su propiedad principal era permitir la transmutación del plomo y del mercurio en oro.

[7] Estas pociones están entre las más duraderas jamás creadas. Sus efectos, entre los que se encuentran prolongar la vida de quienes la bebían, aumentar las capacidades regenerativas y una mayor resistencia a la intemperie —que en el caso de Thánatos fue imperante desarrollar— podían persistir por más de cincuenta ciclos después de la ingestión original, y durante la Segunda Era pudo reconstruirse la receta que usaron los necromantes. Dicha receta desapareció durante la cacería de alquimistas durante la Tercera Era y reapareció hace poco. El ingrediente principal, la sanguis nigrum, ya no existe sobre la faz de Úrim. Aquí está la receta, como aparece en el tratado Las Bodas Químicas de la Segunda Era:

Poción necrótica (Sanguis Nigrum o, más frecuentemente, Sangre de Cuervo por su negrura):

Es vital comenzar la mezcla a las once y media de la noche, apuntando hacia el Este, el día previo a la luna llena. Si no se hace así, aunque se siga el resto de las instrucciones al pie de la letras, no funcionará. Ocho gotas de sanguis nigrum disueltas en medio litro de agua de mar. Se calienta la mezcla durante 22 minutos. Se regula la temperatura retirando el recipiente de las llamas por periodos breves. A los once minutos exactos, se añaden también ocho gotas de sangre propia. Después de agregar la sangre, es necesario redoblar la precaución con las llamas. No se permite que hierva o se arruina la sangre. A los veintidós minutos, gran parte del agua se habrá evaporado, y en el fondo, si se ha hecho bien hasta ahora, se verá una pequeña perla. Se deja reposar la mezcla, ya retirada del fuego, durante ocho minutos y justo a la media noche se extrae la perla con unas pinzas metálicas. Se coloca la perla durante 5 minutos a la luz de la luna y, al sexto, se coloca en el recipiente final: un frasco chico de vidrio. Si el proceso se realizó de forma adecuada, la perla se partirá por la mitad y brotará la Sangre de Cuervo, llenando el recipiente.

Si se coloca un recipiente mayor, sea por querer extraerle más sangre a la Sangre de la Criatura, o porque no se dispone de otro en el momento, la Sangre de Cuervo se evaporará dentro del frasco y se habrá perdido para siempre.

[8] Tomado de: Ibn Diab, Fahrid, “El Círculo de la Muerte”, capítulo 3 en Los Caminos de la Necromancia, pp. 36-38

[9] Recorto la descripción de Ibn Diab, pues yo mismo la anexé hace algunas páginas. De Raif Halal se sabe que, tras descubrir Thánatos, fue encomendado con la tarea de realizar un segundo viaje de ida y vuelta. Al regresar ileso, Granada decidió comenzar el exilio de prisioneros del que se habló y Raif fue uno de los barqueros más prolíficos de este periodo. Murió en el ataque que hundió el Djinn en Solaris de 799.

[10] El autor hace la aclaración de la edad original de las brujas porque, como se recordará, la poción de Sangre de Cuervo permitía a los magos vivir casi eternamente. A diferencia de otros métodos descubiertos en diferentes Eras, quienes bebían la poción de los necromantes no envejecerían nunca más.
[11] Recorto la descripción de Ibn Diab pues se hablará a fondo de las invasiones de 939 más adelante.

[12] Se sabía, en voz popular, un poco del gremio orco de asesinos. Era creencia de la gente que, quien preguntara por ellos podría acabar poco después sin lengua.
[13] Se hablará con profundidad del clan perdido de los Nordstein en la Segunda Era.
 

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