De esas cenizas, fénix nuevo espera;

Mas con tus labios quedn vergonzosos
(que no compiten flores a rubíes)
y pálidos, después, de temerosos.

Y cuando con relámpagos te ríes,
de púrpura, cobardes, si ambiciosos,
marchitan sus blasones carmesíes.


Francisco de Quevedo


lunes, 18 de julio de 2016

Capítulo 8: Auge de la Tierra Necromántica de Thánatos (Necromancia: La Primera Era)

English version Here.

Como prometí hace unos días, les comparto un capítulo de la novela de alta fantasía Necromancia. La traducción lleva poco más del 50% y espero poder terminar de traducirla para principos de agosto. Gracias por su paciencia y aquí está el capítulo 8: Historia de los necromantes, quiénes son y por qué llegaron a la superficie de Úrim. Espero que les agrade!
(Nota al margen, este sólo es un fragmento del capítulo 8 :D )

Los capítulo 3-7 tratan con las historias de los siguientes pueblos:

Capítulo 3: Historia de los Enanos

Capítulo 4: Historia de los Hombres

Capítulo 5: Historia de los Elfos

Capítulo 6: Historia de los Orcos

Capítulo 7: Historia de los Gigantes

También se incluye este mapa en las primeras páginas del libro, y muchos más están incluidos en la página de Facebook de la novela:

 

Pueden conseguir su copia de la novela en español en Amazon y leer este mismo capítulo en inglés aquí.


8.1: Fundación

               
Hasta ahora se ha contado la historia de las razas principales de Úrim; de cómo los enanos deforestaron el norte y se expandieron al este de su territorio, de la batalla contra Mekános, la aparición de los hombres, la magia y el poder; las guerras del sur, del oeste y del este; el nacimiento de los dragones y los imperios orco y humano. De la fundación de varias ciudades de la antigüedad. Pero más allá de todo esto, lo que define el término de la Primera Era es lo que se hablará en este capítulo: La aparición del Círculo de los Necromantes y la tierra maldita de Thánatos. Como nota adicional, es también una de las partes que más trabajo me costó escribir, pues las fuentes son muy vagas; las fechas y nombres varían y, en general, lo escrito por los necromantes se perdió o se censuró a fines de esta misma Era dado el nivel de destrucción que trajeron sus prácticas.

Arrojado en Thánatos por el mar, e incapaz de morir, Nergal reptó por el terreno volcánico durante varios ciclos. Los necromantes que vivían en Úrim, ayudados tanto por los etermantes y los muertos, pronto se enteraron de la existencia de Nergal, el primero de los no-muertos, y no tardaron en seguir su rastro de peste a Thánatos. Antes de la llegada de Nergal, Thánatos tenía ya algo de mala fama: apenas un ciclo después de hallar el Maelstrom, la isla fue descubierta en 777 por los piromantes de Dhabi. La descripción más alentadora se sintetiza en la nota del capitán del Djinn, Raif Halal:

“[…] una roca negra, impenetrable, cubierta perpetuamente por la cenizas de un volcán que sólo tiene segundo en el monte Thor. Se eleva como una corona de fuego por encima del terreno casi plano de la isla. No hay vida sana que pueda subsistir aquí. El agua que cae de la lluvia se vuelve lodo al atravesar la atmósfera y antes de caer se ha estancado ya. Poco después, se pudre en el suelo. Algunas plantas han podido germinar, pero nacieron en muerte perpetua. Ennegrecidas. Intoxicadas. Desde el barco parece como si hubiera una fina capa de terciopelo negro sobre toda la isla. Tal vez sean las hojas de las plantas las que dan una ilusión de vida. Hay más variedades de hongo de las que puedo nombrar y mis hombres se alteran con la mera vista de la isla. Varios cráteres, desde los que parece brotar un humor ceniciento, forman el paisaje más común de las planicies negras de esta isla. De algunos otros brotan columnas de fuego que surcan la tierra con sus ríos de magma y dan montes a la planicie. De no ser por las emanaciones de la tierra, la isla parecería una segregación del tiempo; un hijo bastardo arrojado a una prisión inmóvil, una imagen estática de la muerte. Desde que la avistamos supimos que había algo torcido. No desembarcaremos. No soy idiota. Aún cuando en Dhabi me repriman por volver antes, no arriesgaré nuestras vidas en vano. Haremos un mapa de la extensión aproximada y daremos la vuelta.”

La idea de una isla de muerte agradó a diversos grupos y para el 800, Thánatos era la isla cárcel o isla de exilio de hombres y orcos. Los barcos los abandonaban a su suerte; los criminales más afortunados morían poco después de desembarcar. Los menos se veían orillados al canibalismo y terminaban aullando; enloquecidos de miedo, los orcos y los hombres se degeneraban hasta transformarse en gules. No es de sorprender, pues, que los necromantes que sobrevivieron a la lucha en Glitnir y que lograron llegar hasta Midgard —y quienes, a su paso, iban adquiriendo adeptos—, hubieran decidido establecerse en la isla. Muchos de ellos, parias ya en sus tierras, llegaron a Thánatos buscando saciar su adicción a la magia de la muerte. Nergal, atrapado en la isla desde hacía más de 100 ciclos, se había adaptado a las tierras calcinadas de la isla y encontró en Thánatos un ecosistema propicio para desarrollarse.[1] Los necromantes pusieron pie en la isla hacia la década de 790.[2]

Algunos ciclos después del desembarco de los necromantes, nació un pueblo costero llamado Heracleion[3], muy pequeño pero que había logrado soportar las condiciones extremas de la isla. Las casas y calles del puerto tenían la apariencia de algo que ha estado en el mar por una eternidad. Sería más correcto, de hecho, decir que a Heracleion lo arponearon desde las profundidades y lo arrastraron hasta la costa. Sus casas, tabernas y edificios fueron pescados, arrebatados del fondo del Gran Mar Océano y los prisioneros aprendieron a convivir con aquello enorme, sin edad y sin principio. Fue hasta mucho después que la intervención de manos mortales desbastó las piedras primigenias de su olor marino para cubrirlas de huesos.

El flujo constante de prisioneros de las capitales de Úrim, sobre todo de Mares Anthal, Shurub´Gul, Dhabi y Granada, proveía a los necromantes con potenciales aprendices y materia prima. Cabe mencionar que estos prisioneros no solían ser magos y tenían poca o ninguna capacidad de defenderse ante los necromantes. Con el tiempo, además de los exilados, las grandes ciudades de la Antigüedad comenzaron a enviar a sus enfermos, muchos de los cuales morían en el viaje.[4] Dhabi fue el principal conducto de las ciudades humanas; los orcos, por su parte, explotaron los astilleros de Mares Anthal al máximo. Se estima que, a la semana, al menos dos barcos de cada raza lograban llegar a las orillas de Thánatos para deshacerse de su carga. Algunos de los capitanes registraron ataques de la raza contraria; es famoso el incidente de 786 en el que un par de piromantes incendiaron la barcaza orca Yafraggan y del cerco que impusieron los orcos tras la pérdida. Los piromantes solían rodear por el norte, pues el punto sur había pasado completamente a dominio orco.

Con todo, la isla de Thánatos tuvo, gracias a los desembarcos, un atisbo de vida. Descubierto seis o siete ciclos después de que llegara la primera generación de exiliados, Nergal fue perseguido y acosado por los necromantes, hasta que lograron atraparlo en un foso que cubrieron poco después con rejas. Conocedores, algunos, de las ciencias alquímicas que Gilgamesh acababa de revelar a Úrim, los necromantes supieron a la criatura reptante[5] la única forma de vida adaptada a las condiciones extremas de Thánatos y buscaron extraerle sus secretos. La alquimia primigenia, derivada de los conocimientos de los jotuns, les proporcionó el instrumento esencial de su supervivencia: una poción que les permitió adaptarse a las condiciones climáticas. Varios ciclos más pasaron hasta que la alquimia que había surgido en Úrim —en donde se hablaban de las propiedades milagrosas de la Piedra Filosofal,[6] aunque ésta fue un rumor hasta la Segunda Era— llegó, por fin, a destilar un compuesto que permitía a los necromantes adaptarse paulatinamente a la ceniza volcánica y al suelo muerto. El ingrediente primordial de ésta, conocido como sanguis nigrum, se extraía del cuerpo de Nergal.

En realidad, decir “cuerpo”, en este punto, es inexacto. La criatura Nergal, dicen los textos más antiguos conservados de los necromantes —y que llegaron a Úrim a través de los mercados negros de Granada—, tenía sustancia en lugar de órganos; en vez de cuerpo o forma, poseía volumen. Aborto de los Guardianes, Nergal era una masa horrible e incompleta; acabado a medias, a veces se le podían distinguir, sin orden o estructura, dientes, ojos, intestinos y cabellos. Esta masa, en constante cambio y regeneración y oscilando entre lo vivo y lo inanimado, pocas veces fue descrita igual.

Aunque la naturaleza de la mayoría de los experimentos en Thánatos  era tratar con los muertos, otra de las grandes preocupaciones de los habitantes de Heracleion era cómo sobrevivir a los terrenos hostiles que, si bien no los adoptaron, tampoco los repudiaron. Hasta este punto, parecería sugerirse que los presos, los necromantes y los enfermos trabajaban, hasta cierto punto, en grupo y en paz, pero si pasó, el sistema comunal no tardó en colapsar. Los alquimistas y necromantes más hábiles se hicieron pronto con el control de Heracleion y monopolizaron las pociones basadas en la sangre de Nergal: quienes no podían pagar los precios exorbitantes —o tenían la mala suerte de enemistarse con los necromantes durante el trayecto— estaban condenados a volverse gules, como pasó en los primeros ciclos de la colonización, o a perecer en las estepas de Thánatos. 

            Las pociones necróticas,[7] como les llamarían los necromantes futuros —y como se conocieron hasta el redescubrimiento de las Bodas Químicas en el ciclo 1627 de la Cuarta Era—, permitieron a los necromantes extender su dominio y cerca del 830 se acercaron a las bases del volcán. Poco después, entre 835 y 838, habría de fundarse la futura capital del Círculo de los Necromantes: la ciudad de Thánatos.

            El cambio de poder entre las ciudades fue gradual. Al principio, el solo viaje entre Heracleion y Thánatos suponía una especie de rito de paso pues, quienes no hubieran podido hacerse de la Sangre de Cuervo no habrían de llegar hasta la nueva sede. El traslado de la criatura Nergal a Thánatos, hacia 850, marcó el movimiento definitivo. Heracleion quedó como puerto de llegada para los prisioneros, como en su primera edad, y Thánatos albergaba cada vez a una mayor cantidad de necromantes.

Se estima que en ese mismo ciclo, 850, los necromantes concordaron en crear una especie de poder mayor, llamado el Círculo, el cual estaría regido por 7 de los más poderosos magos de la isla. Cada uno de ellos guiaría un experimento particular, tendría sus adeptos y autonomía en todas y cada una de sus funciones. Las decisiones que tomara con respecto a su porción de la isla serían responsabilidad únicamente de ellos. El Círculo se reuniría cada tres ciclos a discutir los avances en la necromancia. Como se dijo antes, los necromantes venían de casi todas las razas de Úrim —con excepción de los gigantes— y, por tanto, el Círculo era un grupo bastante diverso. Entre los defensores de los necromantes, como un pueblo que pudo haber prosperado de no estar dominado por un afán ciego de destrucción, se encuentra el historiador granadino de la Tercera Era, Fahrid ibn Diab, quien argumentaba que, de no ser por la influencia de Nergal y la repulsión de muchos por la necromancia, Thánatos pudo haberse vuelto la primera gran capital del mundo Antiguo. Entre los argumentos de ibn Diab destaca que en ella se encontraron los primeros verdaderos políglotas —debían manejar el orco, humano y élfico a la perfección, sin contar, en especial, la tolerancia entre razas— y crearon, entre todos, una lengua nueva, perdida ya, que permitió a la larga la comunicación en un solo idioma. También verificó, recopiló y proporcionó los nombres y la mayor cantidad de datos que se tienen sobre aquel Círculo hasta la fecha, y los cito a continuación:[8]

  1. Osiris
    El Segundo Necromante —y primero en ejercer libremente la necromancia de hecho— fue un favorito de Nut durante la Primera Era y el que trajo la idea de dominar la muerte a la conciencia de los urímacos. En la Segunda Era se argumentó que tal vez él fue el que desencadenó el balance de las escuelas mágicas, pero lo cierto es que desembarcó —dato aportado por el capitán del Djinn, Raif Halal—
    [9] en Thánatos en 791, junto a un grupo de necromantes que se volverían parte del Círculo. Los necromantes elfos poseían la característica única, y tal vez la única delatora de su pacto con los espíritus y los planos astrales, de poseer la piel oscura; es decir, todos se transformaron en elfos oscuros. Osiris, además, se sabe fue un amigo íntimo del líder elfo Imhotep.

  1. Set
    Seguidor de Osiris desde la separación con los elfos de Iunu-Ra. Poco se sabe de este elfo, salvo que solía ser el ejecutor de los mandatos de Osiris. Se le asoció, pues, con el caos y la enfermedad, aunque el líder de hecho fura el Primero. Se estima que nació poco después de la batalla con Mekános relatada por los elfos y, aparte de su participación en los hechos de Thánatos y la Gran Guerra, no hay mayor registro de él en ninguna otra fuente.

  1. Fátima Abicarán y el Aquelarre

Originaria de Granada, es una de las primeras grandes etermantes sobre Úrim. Se sabe que fue una piromante importante en la corte de los Al-Hayek, aunque pronto se encontró con Osiris y ésta, conocedora del mito de cómo llegaron los dragones a Úrim, siguió a los necromantes en 789. Se sabe que mientras caminaron, ésta le preguntó al necromante sobre el éter, y al no saber darle respuesta, le garantizó espacio y tiempo para practicar sus artes en la isla de Thánatos. Parece ser que este fue el móvil final de Fátima al integrarse al Círculo de los Necromantes. Las criaturas que invocó la hechicera no tuvieron parangón sino hasta mucho tiempo después.

También se sabe que Fátima lideró a un grupo de brujas, mujeres humanas menores a los 21 ciclos al momento de su llegada a Thánatos,[10] pelirrojas y escapadas casi todas ellas de las cortes de Toledo, Granada y los pueblos aledaños. Las brujas poseían conocimientos extraordinarios sobre herbolaria y la reproducción humana —todas ellas fueron criadas como cortesanas de los sultanes pero lograron hacerse a la mar como amantes de los capitanes o camufladas con los esclavos. Sus técnicas de seducción, maquillaje y preparación de pociones y ungüentos les permitieron contactar a los necromantes a la llegada a Thánatos. Fátima eligió y entrenó personalmente a las brujas en el arte de la etermancia. Se cree que los espíritus de los tenochcas tuvieron cierta influencia en Fátima, y que ésta les habló y dio instrucciones a las jóvenes por medio de los sueños. El Aquelarre tendría un papel determinante en 939, cuando […].[11]

  1. Rashida al-Jalil

Descendiente de una familia de comerciantes, Rashida fue vendida como esclava a un par de piromantes cuando contaba apenas 14 ciclos, es decir, en 780. Los magos la mantuvieron como esclava sexual durante algunos meses. La joven, lejos de aceptar su destino, despertó la piromancia que le heredara su madre en 783 y pudo librarse de sus compradores. Durante varios ciclos vivió como ladrona en Granada y, tras ser detenida y violada por los guardias reales en 786, fue enviada a la cárcel de Toledo. Tras un ciclo de prisión, logró escapar en 787 y se dirigió de nuevo a Granada. Vagó por varios días a las orillas del lago Mizar, hasta que se topó de frente con el grupo de Set, Osiris y la recién llegada Fátima. La joven hechicera se unió al grupo y se volvió una necromante letal tras abandonar la magia que le salvara la vida.

  1. Ulreth Matharieth

El orco Ulreth fue descendiente de uno de los grandes berserkers al mando de Alzamag. Con la caída del Emperador orco hacia 582, los berserkers fueron retirados de la vanguardia, lo que dejó al Imperio con miles de orcos sin ocupación. El jefe del clan Matharieth enseñó el arte del berserker a sus descendientes, quienes lo mantuvieron vivo hasta bien entrada la Tercera Era. Ulreth, nacido en Insh-Muthar en 689, se trasladó a la capital poco después y aprendió la electromancia desde muy joven. Cuando los necromantes llegaron a la región de Utgard en 788, su clan fue llamado a exterminarlos. Sin embargo, una parte de los Matharieth, entre los que se encontraba Ulreth, decidió ayudarlos a salir de Shurub’Gul a cambio de que les enseñaran su arte. El orco se ofreció con escoltarlos hasta la base del monte Thor, desde donde podrían llegar a Lemuria y ver si los gigantes les proporcionaban algún método de escape. Logró llegar a Dhabi en 790 luego de que los gigantes le negaran ayuda en 789. Ahí, en el puerto humano, conoció a Osiris, con quien tuvo un choque y, tras ser derrotado por el necromante,  le juró lealtad absoluta.

  1. Xel-Ungor 

Uno de los grandes shamanes del periodo de los Golgoth, Xel-Ungor comienza a dudar de la capacidad del nuevo Emperador y busca a las Bocas de Morug[12] para asesinarlo. Sin embargo, los asesinos no aceptan, pues ven con agrado las decisiones de M’ur Golgoth y Xel-Ungor se emancipa de su tierra y su raza. Vaga durante varios ciclos, cazando en las planicies de Utgard y localiza al grupo que guiaba Ulreth en 788. Los sigue de cerca y logra establecer contacto con el berserker. Se alejan de Utgard a través del bosque Glitnir y siguen su carrera hacia el este durante varios ciclos más. En el camino se encuentran con el enano Jørmund Lokesson y juntos llegan hasta Dhabi.

  1. Jørmund Lokesson

No se sabe qué fue lo que llevó a Jørmund a formar parte del ejército de los necromantes, sólo que no adoptó la necromancia y cumplía las órdenes sin la duda más mínima, fuera cual fuera el mandato. Se sabe, también, que era altamente independiente y se recuerda en particular su fiereza en el empleo de la geomancia. Algunos historiadores de la Segunda Era, en especial M’Kor Kethal señalan los paralelismos entre éste y la del mítico traidor enano Mjødvitner. Poco después, en la Segunda Era, se sabría que Jørmund descendía del clan perdido al mando de los bjørn: los guerreros Nordstein. Esto lo volvería uno de los primeros enanos de dicho clan en ser visto en siglos.

Se sabe, gracias en parte a él, que éste clan, del que se mencionaron algunas cosas en el primer capítulo, se desesperó con el paso de los ciclos y con el bosque que se extendía al infinito. Cuando se dieron cuenta de que no hallarían una segunda Bael-Ungor —ignorantes del triunfo de Radsvinn y los suyos—, los Nordstein cavaron cerca del río Tláloc, muy, muy al norte de la ciudad humana de Midgard. Hacia el fondo cavaron y, al parecer, por lo poco que se recuperó de Lokesson, lograron establecerse y fundar una colonia.[13]

Tras la fundación del Círculo de los Necromantes, los pueblos de Heracleion y Thánatos tuvieron un  gran auge, del que se hablará a continuación.


[1] Aunque ya antes se dijo que los gigantes se adaptan, Nergal fue la primera evidencia de la ciencia moderna para determinar que ese cambio o adaptación parecía depender al cien por ciento de la estabilidad emocional y  mental del jotun. Sin ella, el cuerpo se congela en un estado y le resulta imposible adaptarse a un nuevo medio. En el caso particular de Nergal, al parecer, la parte emocional estaba tan dañada que es difícil decir que “aceptara” la tierra de Thánatos; mi creencia es que la mente entró en un estado de cierre y sólo encontrar una encarnación tan certera de la muerte —la muerte como la entendía Nergal, al menos; la muerte total, la devastación de una era, la separación quirúrgica de una especie del mundo— pudo sacarlo de su sopor, pues reconoció en ésta el mismo panorama de las tierras calcinadas de Tenochtitlán.

[2] Se sabe de cierto que Osiris desembarcaría en 791.

[3] Puesto que los necromantes preferían la experimentación al registro de hechos como tal, la fecha exacta de fundación de Heracleion no ha quedado clara. Sin embargo, las estimaciones más recientes creen que el hecho, cuando muy tarde, aconteció hacia el ciclo 810.
[4] De hecho, la cantidad de cadáveres llegó a ser tan grande que los mismos necromantes decidieron utilizar los huesos para crear las edificaciones de Heracleion.

[5] Se hablará a fondo de las transformaciones de Nergal en el capítulo “Resurrección”.

[6] La Piedra Filosofal, para los alquimistas de todas las Eras, es un compuesto en polvo, rojizo, que domina la energía vital de las plantas y los animales, permitiéndoles sanar –ingerido– o germinar –aplicado como abono– casi al instante. Sin embargo, su propiedad principal era permitir la transmutación del plomo y del mercurio en oro.

[7] Estas pociones están entre las más duraderas jamás creadas. Sus efectos, entre los que se encuentran prolongar la vida de quienes la bebían, aumentar las capacidades regenerativas y una mayor resistencia a la intemperie —que en el caso de Thánatos fue imperante desarrollar— podían persistir por más de cincuenta ciclos después de la ingestión original, y durante la Segunda Era pudo reconstruirse la receta que usaron los necromantes. Dicha receta desapareció durante la cacería de alquimistas durante la Tercera Era y reapareció hace poco. El ingrediente principal, la sanguis nigrum, ya no existe sobre la faz de Úrim. Aquí está la receta, como aparece en el tratado Las Bodas Químicas de la Segunda Era:

Poción necrótica (Sanguis Nigrum o, más frecuentemente, Sangre de Cuervo por su negrura):

Es vital comenzar la mezcla a las once y media de la noche, apuntando hacia el Este, el día previo a la luna llena. Si no se hace así, aunque se siga el resto de las instrucciones al pie de la letras, no funcionará. Ocho gotas de sanguis nigrum disueltas en medio litro de agua de mar. Se calienta la mezcla durante 22 minutos. Se regula la temperatura retirando el recipiente de las llamas por periodos breves. A los once minutos exactos, se añaden también ocho gotas de sangre propia. Después de agregar la sangre, es necesario redoblar la precaución con las llamas. No se permite que hierva o se arruina la sangre. A los veintidós minutos, gran parte del agua se habrá evaporado, y en el fondo, si se ha hecho bien hasta ahora, se verá una pequeña perla. Se deja reposar la mezcla, ya retirada del fuego, durante ocho minutos y justo a la media noche se extrae la perla con unas pinzas metálicas. Se coloca la perla durante 5 minutos a la luz de la luna y, al sexto, se coloca en el recipiente final: un frasco chico de vidrio. Si el proceso se realizó de forma adecuada, la perla se partirá por la mitad y brotará la Sangre de Cuervo, llenando el recipiente.

Si se coloca un recipiente mayor, sea por querer extraerle más sangre a la Sangre de la Criatura, o porque no se dispone de otro en el momento, la Sangre de Cuervo se evaporará dentro del frasco y se habrá perdido para siempre.

[8] Tomado de: Ibn Diab, Fahrid, “El Círculo de la Muerte”, capítulo 3 en Los Caminos de la Necromancia, pp. 36-38

[9] Recorto la descripción de Ibn Diab, pues yo mismo la anexé hace algunas páginas. De Raif Halal se sabe que, tras descubrir Thánatos, fue encomendado con la tarea de realizar un segundo viaje de ida y vuelta. Al regresar ileso, Granada decidió comenzar el exilio de prisioneros del que se habló y Raif fue uno de los barqueros más prolíficos de este periodo. Murió en el ataque que hundió el Djinn en Solaris de 799.

[10] El autor hace la aclaración de la edad original de las brujas porque, como se recordará, la poción de Sangre de Cuervo permitía a los magos vivir casi eternamente. A diferencia de otros métodos descubiertos en diferentes Eras, quienes bebían la poción de los necromantes no envejecerían nunca más.
[11] Recorto la descripción de Ibn Diab pues se hablará a fondo de las invasiones de 939 más adelante.

[12] Se sabía, en voz popular, un poco del gremio orco de asesinos. Era creencia de la gente que, quien preguntara por ellos podría acabar poco después sin lengua.
[13] Se hablará con profundidad del clan perdido de los Nordstein en la Segunda Era.
 

Chapter 8. Rise of the Necromantic Land of Thánatos (Necromancia: The First Era)



Versión en español aquí.


As I had promised a while ago, I am sharing with you guys a free chapter of the upcoming high-fantasy novel Necromancia. Progress has just passed 50%, expect it to be fully translated around the first days of august. Thank you for your patience, and here it is: Chapter 8, history of the necromancers, who they are and why did they appear on the surface of Úrim. I hope you enjoy it! (Side note: As you will see, this is just a fragment of chapter 8 :D )

The chapters 3-7 deal with the history of the following people:

Chapter 3: History of the Dwarves

Chapter 4: History of Men

Chapter 5: History of the Elves

Chapter 6: History of the Orcs

Chapter 7: History of the Giants

This map is also included at the first pages of the book, and several more will be added soon on the Facebook Page of the novel:

 



You can also get your copy of Necromancia in spanish at the Amazon Page and check this chapter on Spanish Here.


8. Rise of the Necromantic Land of Thánatos

           
Until now the history of each of the main races of Úrim has been recounted; it has been told how the dwarves deforested the north and expanded their territories to the east; the battle against Mekános, the apparition of men, might and magic; the wars of the south, east and west; the birth of the dragons and the orcish and human empires. Of the foundation of several cities of old. But, beyond all o this, what defines the end of the First Era is what appears in this chapter: The creation of the Circle of Necromancers and the cursed land of Thánatos. As an additional note, this chapter took me a great effort to put together. The sources are far too vague and the names and dates vary wildly. Most of what the necromancers had written was either lost or censored at the end of this very same Era, given the destruction that their practices left on their path.

Vomited in Thánatos by the sea, and unable to die, Nergal crept over the volcanic terrain for several cycles. The necromancers that lived in Úrim, helped by both the elementals and the spirits of the dead, soon took notice of Nergal’s existence, the first of the undead, and it did not took them long to set sail to Thánatos. Before Nergal’s arrival, Thánatos already had some dire reputation: a cycle after the Maelstrom was found, the isle was discovered on 777 by Dhabi’s pyromancers. The most encouraging description of the place is synthesized on the note of the captain of the exploration vessel Djinn, Raif Halal:

“[…] a black, impenetrable rock, perpetually covered by the ashes of a volcano that only has a match, if anything, in Thor Mons. It rises as a crown of fire over the almost entirely flat terrain of the island. There is no healthy life that could subsist here. The rain becomes mud as soon as it pierces the atmosphere and has stagnated long before reaching the ground. Soon after, it rots in the ground. It seems that some plants have germinated, but they were born to a perpetual death. Blackened. Intoxicated. From the deck of the ship it seems as if a black, silken layer covered the entire island. It might be the leaves of those plants that give an impression of life. There are several kinds of mushrooms, many more of those that I can name. My men were disturbed by the mere sight of the island. Several craters, from which it seems to stem an ashen humor, are the most common sighting on the plains of the island. Some others spit fire columns that plough the land with their rivers of magma and form the only hills from the land. If it were not from those geological emanations, the island itself would seem to be something segregated from time; a bastard son thrown to an immobile prison; a static image of death. Since we spotted the island we knew that it was twisted. We will not disembark. I am no idiot. Even if I get some sort of punishment back in Dhabi, I will not risk our lives in vain. We will map the estimated extension of the island and we will turn around. ”

The idea of an island of death, however, attracted the attention of several groups and, by 800, Thánatos was a prison island; a place for exile for both men and orcs. Ships abandoned them to their own luck; the fortunate ones would die upon landing; those who were not were pushed into cannibalism. Their minds broke and they howled, crazed by fear. Both orc and man degenerated until they turned into ghouls. It was no surprise then that the necromancers that survived the conflict in Glitnir and that managed to reach Midgard —and who gained adepts along the way— decided to establish in that place. Many of them, pariahs on their own lands, traveled to Thánatos seeking to satiate their addition to the magic of death. Nergal, trapped inside the island for over 100 cycles, had adapted to the calcined lands of the island and had found in Thánatos an appropriate ecosystem for his development.[1] The necromancers landed on the island around the decade of 790.[2]

Some cycles after the landing of the necromancers rose a small coastal town named Heracleion.[3] Though it was far too small to be called a city, Heracleion had endured the extreme conditions of the island. The houses and streets of the dock had all the seeming of things that have been under the sea for an eternity. It would be far more precise to tell that Heracleion was speared from the bottom of the sea and that it was dragged up to the shore. Its houses, taverns and buildings were fished, taken from the depths of the Great Ocean Sea. The prisoners learned to love along that immensity without age or a beginning. It was many cycles later that the intervention of mortal hands grinded the unmistakable smell of the tides from those primeval stones to cover them with bones.

The constant stream of prisoners from the capitals of Úrim, which came mainly from Mares Anthal, Shurub´Gul, Dhabi and Granada, provided the necromancers with potential disciples and loads of raw material. It is worth noting that most of those prisoners were not mages and had little to no chance to defend themselves from the necromancers. Some time later, besides the exiles, the great cities of old started deporting their sick ones, most of which died on the journey to Thánatos.[4] Dhabi was the main human output; orcs, on their side, exploited the shipyards of Mares Anthal to their maximum. It has been calculated that at least two ships of each race landed at the shores of Thánatos weekly to get rid of their cargo. Some captains reported attacks while on sea; the most famous case is the incident of 786, in which a pair of pyromancers burned the orcish barge Yafraggan and the orcish retaliation after the loss. Following that skirmish the humans took the northern route to disembark, since the south had been completely dominated by the orcs.

All in all, the island of Thánatos had, thanks to those landings, a semblance of life. Nergal was discovered 6 or 7 cycles after the first generations of exiles disembarked, and he was harassed and pursued by the necromancers until they finally captured him in a pit that was, soon after, covered by metal ceilings. Some of the necromancers, which had learned the basics of the science that Gilgamesh revealed no too long ago in the landmass of Úrim, immediately noticed that the thing that crept, that alien creature,[5] was the only lifeform adapted to the extreme conditions of Thánatos. And so, they sought to unlock its secrets through their crude alchemy. Derived from the knowledge of the jotuns, this science provided them with the ultimate instrument of their survival: a potion that allowed them to adapt to the extreme weather. Several cycles elapsed until the Úrim-born alchemy —where many sought the miraculous properties of the Philosopher’s Stone,[6] a myth until the Second Era— could finally distill a compound that allowed the necromancers to adapt to the volcano, its ash, and the dead ground of Thánatos. The main ingredient of said solution, known as sanguis nigrum, was blood drained directly from the body of Nergal.

To be honest saying “body”, at this point, is inaccurate. The creature Nergal, according to the oldest texts kept by the necromancers —and that reached Úrim through the black markets of Granada—, had a “substance” instead of organs; instead of body, or shape, he had a volume. Aborted by the Guardians, Nergal was a horrid, incomplete mass. Unfinished. Some of the organs that could be seen, without an order or visible structure, teeth, eyes, intestines and hair. This mass, in perpetual change and regeneration, fluctuating between a living being and an inanimate object, was rarely described again.

Though the nature of most of the experiments done in Thánatos dealt with the dead, their other great focus was how to survive the hostile lands that did not adopt nor reject them. Up to this point, it seems to be suggested that prisoners, necromancers and sick people worked in peace, but, if it ever happened, the communal system collapsed soon. The most skilled alchemists and necromancers soon took over Heracleion and monopolized the potions based on Nergal’s blood: those who could not pay the exorbitant prices or had the bad luck of creating enemies with the necromancers along the voyage, were doomed to become ghouls, as happened on the first cycles of their colonization, or to perish on the steppes of Thánatos.

The necrotic potions,[7] as the future necromancers would call them, —and also, as they were known worldwide until the rediscovery of The Chemical Wedding on 1627 of the Fourth Era— allowed the necromancers to extend their dominion to the south, and by the 830 they finally approached the base of the volcano. Soon after that, between 835 and 838, the future capital of the Circle of the Necromancers would be founded: The city of Thánatos.

The migration of the seat of power between those cities was gradual. The mere journey between Heracleion and Thánatos became a rite of passage of sorts, since those that had not acquired a Raven’s Blood would never reach the new city. The creature Nergal was transferred to Thánatos by 850 and this marked the definitive change of power. Heracleion was left as an arrival station for prisoners, as if they had reached their first age, and Thánatos would host an ever growing amount of necromancers.

It is believed that in 850, the necromancers agreed to create a superior power of sorts, called the Circle, which would be ruled by the 7 most powerful mages of the island. Each one of them would guide a particular experiment, would have their own followers and they would be completely independent and autonomous in each one of their functions. They would be responsible for the decisions that each one of them took within his or her own borders and the Circle would be gathered each 3rd cycle to discuss any advances on necromancy. As it has been already been said, the necromancers came from almost every race from Úrim, —except from giants— and the Circle turned out to be a very diverse group. Amongst those of us that defend the necromancers as a population that might have prospered, if they were not blinded by their zealotry, lies the Grenadian scholar from the Third Era, Fahrid ibn Diab. He argues that, if it not had been because of Nergal and the repulsion that many felt towards necromancy, Thánatos might had become the first great capital of the ancient world. Amongst his arguments in their favor, he states that the necromancers were the first true multilingual beings —they had to speak perfectly in orcish, human and elven; this without taking into account the tolerance between those races— and that they had created a new, common tongue for all of them to speak. This, sadly, has been lost. He also verified, compiled and provided the names and the greatest amount of data that we have about the Circle to this day, and I present them here:[8]

Osiris

The Second Necromancer, and the first one to actively seek necromancy, was Nut’s favorite during the First Era and the one who brought the idea of commanding death to the consciousness of the people of Úrim. During the Second Era it was argued that he might have brought balance to the magical schools; what remains true in any case is that he landed on Thánatos on 791, as Raif Halal,[9] captain of the Djinn, later admitted, with several other necromancers that would become part of the Circle. Elven necromancers had the unique characteristic, and betrayer of their pact with the spirits, of having a dark skin; they all became dark elves. Osiris, it is also known, was an intimate friend of the elven leader Imhotep.

Set

He was a follower of Osiris since the elves left Iunu-Ra. Little is known about this elf, other than that he seemed the executioner of Osiris’ will. He was later associated with chaos and disease, even though the leader of the circle was Osiris himself. Some believe that he was born some time after the battle against Mekános and, besides his participation in both Thánatos and the Great War, there is no additional information about him anywhere.

Fátima Abicarán and the Coven

Born in Granada, she became one of the greatest ethermancers on the surface of Úrim. We know that she was an important pyromancer at the court of the Al-Hayek dynasty, though she later met Osiris. She knew the myth of how the dragons had come into Úrim and followed the necromancers in 789. It is also known that while they traveled, she asked the necromancer about the ether, and, while he knew nothing about it, he promised her that she would have all the time and privacy to practice her summonings at the island of Thánatos. It seems that it was finally this search for power that pushed Fátima into the core of the Circle of the Necromancers. The creatures that she was able to summon would have no match for a long time after her demise.

Fátima led a group of witches, human females that were not older than 21[10] when they originally reached the shores of Thánatos. They were all redheads that had fled from the courts of Toledo, Granada and the surrounding settlements. The witches possessed extraordinary knowledge about herbalism and human reproduction —they were all raised as courtesans in the service of the sultans, but they embarked on the ships as lovers of the captains or camouflaged as slaves. Their seduction, makeup and potion and salve crafting skills allowed them to contact with the necromancers once they reached Thánatos. Fátima herself chose and trained those witches in the arts of ethermancy. It is believed that the spirits of the tenochcas had a certain influence over Fátima, and that she spoke and guided the young women on their dreams. The Coven would play a key role on 939, when […].[11]

Rashida al-Jalil

Descendant to a family of traders, Rashida was sold as a slave to a pair of pyromancers when she was still 14, on 780. The mages kept her as a sexual slave for some months. The young girl, however, far from accepting that fate, awoke the powers of pyromancy that her mother had inherited her on 783 and she could finally escape her masters. She survived as a thief for some cycles on Granada, and after being captured and raped by the royal wards she was sent to the prison of Toledo. For an entire cycle she was held prisoner but she managed to escape on 787 and headed back to Granada. She wandered for some days at the shores of the Mizar Lake until she met the group of Osiris and Fátima, The young sorceress joined their group and became a ferocious necromancer after abandoning the magical arts that saved her life.

Ulreth Matharieth

The orc Ulreth was heir of one of the greatest berserkers under the command of Alzamag. When the Emperor fell on 582, the berserkers were removed from the vanguard, which left the Empire with hundreds of unemployed orcs. The chieftain of the Matharieth clan teached the arts of berserking to his descendants, which kept it alive until well into the Third Era. Ulreth, born in Insh-Muthar in 689, moved to the capital soon after and learned the basics of electromancy when he was still very young. When the necromancers reached the Utgard region in 788, his clan was summoned to exterminate them. However, a part of the Matharieth clan, including Ulreth, decided to let them escape the capital Shurub’Gul in exchange for their magical knowledge. The orc offered himself to escort them to the foothills of Thor Mons, from where they could reach Lemuria and ask the giants for some kind of transportation. They reached Dhabi in 790 after being denied any help from the giants in 789. Ulreth met Osiris at the human docks. They had an argument, but, after being defeated by the necromancer, he sworn him absolute loyalty.

Xel-Ungor

One of the great shamans under the command of the Golgoth dynasty, Xel-Ungor starts doubting the skills of the new Emperor and seeks the Mouths of Morug to assassinate him.[12] However, the assassins like how M’ur Golgoth is acting and Xel-Ungor exiles himself from his land and his race. He travels for several cycles, hunting in the plains of Utgard and locates Ulreth’s group on 788. He follows them and makes contact with the berserker. They abandon through the borders of the Glitnir forest and they keep on marching to the east for some time. They meet the dwarf Jørmund Lokesson along the way and they reach together the docks of Dhabi.

Jørmund Lokesson

Little is known about the motives of Jørmund when he joined the ranks of the necromancers. He never abandoned his dominion over earth in favor for necromancy, but he obeyed any order without a doubt, no matter what said order was. It is also known that he was highly independent and is remembered by his ferocious use of combat geomancy. Some historians of the Second Era, and mainly, M’Kor Kethal, point out the parallelisms between Jørmund and the mythic dwarven betrayer, Mjødvitner. It would come to light during the Second Era that Jørmund descended from the lost dwarven clan of the bjørn warriors, the Nordstein, making him the first one to be seen in centuries. .

It is partially thanks to him that we know that this clan, that was already mentioned earlier, grew desperate with each passing cycle and with the sight of an unending forest. When they realized that they would never find a second Bael-Ungor —unaware, of course, of Radsvinn and his people’s triumph—, the Nordstein dug near the shores of the Tláloc, north, far to the north of Midgard. They dug too deep and, judging by what we know about thanks to Lokesson, it seems that they could finally settle there.[13]

After the foundation of the Circle of the Necromancers, the people of Heracleion and Thánatos had a surge, of which we will speak now.



[1] Though it has been previously spoken about the natural adaptation of giants, Nergal was the first evidence of modern science to determine that this change or mutation seems to depend 100% on the emotional and mental stability of the jotuns Without balance, the body freezes into a previous state and it becomes impossible for it to adapt to a new medium. In the particular case of Nergal, it seems that his emotional part was so damaged that it is difficult to say that he “accepted” the land of Thánatos; my personal belief is that his mind entered some kind of lockdown. The discovery of an incarnation so accurate of death —death as he understood it, at least; the devastation of an era, the surgical removal of an entire species from the world— broke this seal, for he recognized the barren lands of Tenochtitlán within the shores of Thánatos.


[2] We are certain that Osiris disembarked on 791.

[3] Since the necromancers preferred direct experimentation over the registry of facts and events that happened on Thánatos, the exact foundation date of Heracleion remains uncertain. However, the latest estimates calculated that, at the latest, it happened by 810.
[4] The amount of corpses, in fact, was so great that the necromancers themselves decided to use bones as a building material for the edifications of Heracleion.

[5] Nergal’s transformations will be retaken on the chapter “Resurrection”

[6] The Philosopher’s Stone, for alchemists through all ages, is a red powder that dominates the vital energy of plants and animals alike, allowing them to heal –when eaten– or sprout –if used as a fertilizer– almost instantly. Its main property, however, was the transmutation of quicksilver and lead into gold.
[7] Those potions would become one of the longest lasting ones ever created. Its effects, which included an extended lifespan for the imbiber, an increased regenerative capacity and a greater resistance to weather —a thing that was vital in Thánatos— could last for over 50 cycles after the initial ingestion, and during the Second Era the recipe that the necromancers used was reconstructed. This recipe disappeared during the hunt of the alchemists during the Third Era and reappeared not too long ago. The main ingredient, sanguis nigrum, has long banished from the surface of Úrim. Here it is, as it appears on the treaty The Chemical Wedding, written during the Second Era:

Necrotic potion (Sanguis Nigrum or, more frequently, Raven’s Blood):

It is vital to begin the mixture at 11:30 pm, facing east, the day prior to full moon. If it is not done so, even if you follow the instructions to the letter, this recipe will not work. Eight drops of sanguis nigrum diluted in ½ liter of seawater. The mixture is heated for 22 minutes. The temperature is regulated by removing the recipient from the flames for brief periods. 11 minutes exactly after this process has begun, you must also add 8 drops of your own blood. After your own blood has been added, you must double your precaution with the fire. If it boils it spoils. 22 minutes after the process has begun, most of the water must have evaporated. If done correctly, a small pearl should appear at the bottom of the flask. The mixture must rest for 8 minutes after it has been definitively removed from the fire and, exactly at midnight, the pearl must be removed from the flask with a metal caliper. The pearl is to bathe in moonlight for 5 minutes. At the 6th, it is transported to its final recipient: a small glass flask. If everything was done correctly up to this point, the pearl will break in half and from its center it will flow the Raven’s Blood, filling the flask.

If a larger flask is used, either because you wanted to extract more blood from the Creature or because you had no other one in the final moment, the Raven’s Blood will evaporate inside the flask and it will be lost forever.
[8] Taken from: Ibn Diab, Fahrid, “The Circle of Death”, chapter 3 in The Paths of Necromancy, pp. 36-38

[9] I cut Ibn Diab’s description, for I have already annexed it some pages before. It is known that after discovering Thánatos, Raif Halal was tasked with a round trip to its shores. When he returned safe and sound, Granada decided to begin the exile process that has been already been quoted, and Raif was one of the most prolific ferrymen of that period. He died on the attack that finally sunk the Djinn on Solaris of 799.

[10] I make the clarification of the witches’ original age for, as you might remember, the Raven’s Blood potion allowed the mages to live almost indefinitely. Unlike the methods discovered in other era, those who drank the necromancers’ potion would never age again.

[11] I cut Ibn Diab’s description, for I will speak of the invasion of 939 on the following chapters.

[12]The general population suspected some things about the orcish guild of assassins. It was a popular belief that those who asked too much about them would appear with their tongues pulled off some day.  
[13] The Nordstein clan and its history will be retaken during the Second Era.